Frío en la barriga

Frío en la barriga

Frío en la barriga Escuchar historia online

–Mamá, ¿por qué sentimos un frío en la barriga, de vez en cuando?
Helena era muy curiosa y muchas veces colocaba a su mamá en unos laberintos bastante especiales. Pero, esta vez la pregunta era simple y directa.
–Un frío en la barriga.
Dijo la mamá, un poco más lentamente, como para ganar tiempo y pensar mejor la respuesta.
–Sí, mami. ¿Te acuerdas cuando fuimos en avión a la casa de la tía Celina? Fue mi primer viaje en avión y sentí un frío en la barriga. O, ¿te acuerdas cuando la abuela pasó muchos meses en la casa de la tía Liliana? Cuando nos fuimos a encontrar con ella, sentí ese frío otra vez. Y siempre me pasa cuando la profesora me pide que lea un texto en voz alta.
Helena había hecho una pequeña lista de situaciones y la mamá le demostraba que estaba de acuerdo con sus explicaciones moviendo la cabeza en forma afirmativa. La niña de los ojos vivaces le hizo otra pregunta:
–Mamá, ¿tú nunca sentiste ese frío en la barriga?
–¡Sí, sin dudas! El día de mi graduación en la universidad, el día de mi casamiento, cuando tú naciste y el médico te trajo toda envuelta en una manta verde del hospital… En ese momento sentí un “súper frío” en la barriga. El día que chocaron a tu papá y la tía Luisa me llamó para avisarme que él estaba en el hospital, sentí un frío horrible en la barriga.
Helena se espantó con los comentarios de la mamá.
–Entonces, ¿el frío en la barriga no ocurre sólo en situaciones buenas o de sorpresa?
–No, esa sensación es consecuencia de una reacción de estrés o de ansiedad.
La niña se quedó pensando.
–¡Verdad! Cuando papá me avisó que Bebel se había escapado; antes de llorar, sentí un frío en la barriga… ¡Qué gata traviesa! Casi me morí del susto. Por suerte, al ratito la encontramos.
La mamá de la niña dio un suspiro de alivio.
–Pero, mamá, ¿qué es lo que pasa en nuestra barriga? ¡Parece que nos hubiéramos comido un cubito de hielo!
–¡Ah, Helena! Eres muy curiosa. Bueno, te explico… Cuando el cuerpo está en alerta máxima, libera una sustancia llamada adrenalina.
–Es la misma sustancia que el cuerpo libera cuando estamos en la montaña rusa, en el parque de diversiones.
Completó la pequeña, siempre ansiosa.
–¡Exactamente! En la montaña rusa, incluso tienes la impresión instantánea de “falta de peso”. En otro momento te explico eso mejor, ¿te parece? Pero volviendo al frío de la barriga y resumiendo, el estómago se contrae, libera un poco más de lo normal de ácido y el cuerpo disminuye la circulación de la sangre allí en la región del estómago, interrumpiendo la digestión. Es por eso que tienes esa sensación de frío en la barriga.
Helena estaba muy atenta a las explicaciones que la mamá le estaba dando.
–Y, mamá, ¿qué tenemos que hacer cuando sentimos eso?
–Bueno, Helena, tenemos que enfrentar la situación. Generalmente es una ocasión inesperada. Entonces, respiras hondo, te llenas de valor y vas donde debes o haces lo que tienes que hacer.
La pequeña Helena sonrió.
–Cuando la profesora me pidió que leyera el texto delante de mis compañeros, quedé helada. Estaba avergonzada porque tenía que leer delante de ellos, y lo peor, ¡tenía que leer la historia que yo había escrito! ¿Y si a nadie le gustaba? ¿Y si me ponía nerviosa y comenzaba a tartamudear?
–Exactamente. Pero tomamos valor y leemos, ¿verdad? Y algunas veces, no necesitas hacer nada, solo esperar un ratito hasta que esa sensación pase.
La niña se retorcía las manitos. La mamá se dio cuenta y se las tomó con cariño y con fuerza. En ese momento la secretaria llamó:
–¡Helena!
La pequeña se achicó aún más en el sofá, pero miró a la mamá, respiró hondo, se puso de pie y dijo:
–Soy yo.
–Puede acompañarme, señorita. ¿Quieres que tu madre venga contigo?
Preguntó la mujer que continuaba parada en la puerta. Helena se sonrió y respondió con seguridad:
–No, no es necesario.
La mamá se quedó allí sentada, sintiendo un frío en la barriga que era muy parecido al que su hija había sentido un ratito antes, mientras pensaba en lo rápido que pasaba el tiempo. Esa, era la primera vez que su pequeña hija entraba sola al consultorio del dentista. Además de curiosa, Helena se estaba transformando en una señorita muy valiente.

Texto: Vanessa.
Ilustración: Ilustra Cartoon.

 

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