Mamá, ¿vamos a jugar ping pong?

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Mamá, ¿vamos a jugar ping pong?

Mamá, ¿vamos a jugar ping pong? Escuchar historia online

Miguel siempre se había preguntado cómo sería vivir en un apartamento. A él le gustaba mucho la idea de tener un área exclusiva para jugar. El único problema era que todavía no había hecho ningún amigo en el edificio.

–Mamá, ¿vamos a bajar para jugar al ping-pong?

Helga era una madre activa. Le gustaba correr, jugar al vóley y al ping-pong. ¡Hasta remontaba barriletes con su hijo! Pero aquella tarde no era el momento indicado para esa actividad.
Ahora no va a ser posible, Miguel. Realmente, no tengo tiempo. Necesito terminar de lavar la loza, extender la ropa en el tendedero, barrer los pisos de los dormitorios y de la sala, sacar el polvo de los muebles y darle una limpieza profunda al baño.

–¡Pero estoy cansado de estar aquí adentro sin hacer nada!

–Lo siento mucho. Tal vez, mañana.

¿”Tal vez, mañana”? Pero él estaba aburrido en ese momento, quizás al día siguiente no se sentiría así…

Cuando habían pasado 30 minutos, Miguel nuevamente le preguntó a la mamá:

–¿Y ahora, mamá? ¿Vamos a jugar ping-pong?

–Miguel, tengo mucho trabajo en el apartamento, y las tareas no se van a hacer solas. ¡No puedo bajar para jugar en este momento!

Miguel se fue para la sala enojado. Cuando se tiró en el sofá, vio el polvo en el estante. La mamá tenía razón, había muchas cosas para hacer.

Entonces, decidió ayudar. Limpió todos los muebles de la sala. Buscó la escoba y barrió por todos los rincones. Dejó la sala, realmente, muy ordenada. Luego fue a su dormitorio e hizo una excelente limpieza allí también. Después llamó:

–¡Mami!

Pero no obtuvo ninguna respuesta. Entonces, salió buscando a la mamá. La encontró en el lavadero.

–¿Podemos bajar para jugar?

–Todavía ni puse los pies en la sala… y está necesitando una buena limpieza.

Miguel la llevó a la mamá hasta la sala y le mostró el trabajo que había hecho. Ella sonrió y aprobó el trabajo que él había realizado. Entonces, él la llevó a su dormitorio, que también estaba muy bien ordenado.

Como la madre ya había hecho los otros trabajos, propuso:

–Bueno, ya que estamos en tan buenas condiciones, creo que podemos bajar y jugar un poco, pero te advierto: ¡no te lo voy a hacer fácil! ¡Prepárate para perder en el partido de ping- pong!

Miguel sonrió pues sabía que era de verdad. La mamá era tan deportiva como él; pero justamente eso la hacía ¡la mejor mamá del universo!

–Si hubiera sabido que podía ayudarte, habríamos comenzado antes a jugar.

–¿Sabes?, limpiaste la sala realmente muy bien. ¡Me gustó!

–¡Y voy a ayudarte más veces, para que podamos jugar ping- pong todas las tardes!

–¡Muy bien! Pero no pienses que voy a bajar los brazos para que me ganes, en “agradecimiento” por tu tarea bien hecha —respondió la mamá, guiñándole un ojo y preparándose para bajar a jugar en el área de juegos del edificio.

Texto: Sueli Ferreira de Oliveira.

Ilustración: Ilustra Cartoon.

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